(LEO MARTEL) No fueron uno, dos o tres errores arbítrales, fueron muchos mas… un árbitro imberbe, en algunos casos le hacía caso a su juez de línea y en otros no. Un árbitro que no se puede justificar en la famosa frase “que errar es humano”. Es un árbitro que hace daño al fútbol y sobre todo a equipos como Puntarenas F.C. en este caso especifico.

¿Que hubiera pasado si esto fuese una final?
Hoy es tiempo para detener todas estas barbaries, anteriormente ya lo habían hecho quitándole un Campeonato Nacional al Municipal Pérez Zeledón. Hoy es tiempo para que el periodismo no lo haga pasar desapercibido, aun es tiempo para que las autoridades del ente deportivo nacional y sus filiales hagan una reflexión y pongan mano dura ante estas arbitrariedades.
Es fácil castigar a un equipo, en multas o castigos de estadios, pero estos los de la Comisión de Árbitros no tienen que tapar el sol con un solo dedo. Al contrario ellos como regentes de los árbitros deben y tienen que ser más drásticos en las aplicaciones bajo sus reglamentos tipificados, dentro de esa comisión.
TODO IBA CON NORMALIDAD
El Puntarenas F.C. salió con el clásico 4-3-3, como dirían algunos un planteamiento a lo charrua, las primeras jugadas fueron propias de un acomodamiento por partes de ambas escuadras, y cuando mas atacábamos nos vino “un penal a propósito”, es decir donde el jugador guanacasteco arrastra la pierna y cae al piso. Hasta allí “se creía que errar es humano”. Incluso el rodillazo artero del arquero Álvaro Mesen contra Pedrito Leal, ni se inmutó el árbitro Montenegro en cobrar.
Se fueron a los camerinos, y en la segunda etapa el conjunto chuchequero se fue hacia delante y con los ingresos del matador Luis Lara y el creativo Mario Centeno el conjunto naranja aumentó su caudal ofensivo, pero… el Puntarenas F.C. no jugaba contra once guanacastecos, también lo hacia contra el arbitro Víctor Hugo Montenegro, o mejor dicho el arbitro contra el equipo porteo.
Errores tras errores, uno e inmediatamente del otro, no fueron equivocaciones en contra de los dos equipos fueron decisiones arbítrales en contra del equipo porteño. Un gol legitimo anulado, dos penales que “no le dio la gana de cobrar”.
EL FUTBOL ES UN ESPECTACULO, PERO...
Creo que todos y absolutamente todos los equipos salen al terreno con el deseo de triunfar, y como es un juego, alguien tiene que perder o salen empatados. El fútbol es un espectáculo. El árbitro es el que hace respetar las reglas. Por supuesto que los protagonistas siempre van a reclamar por las jugadas vetadas o no, eso es natural es el ritmo mismo del partido.
Pero ayer fue un descaro, una pleitesía a la impotencia de los jugadores chuchequeros. Para nadie es un silencio ni secreto, que los jugadores porteños se esmeraron, no solamente para empatar sino para ganar, y lo merecíamos. Y yo creo que en la conciencia de los mismos guanacastecos así lo veían.
MERECIMOS GANAR
Al periodista de TELETICA le digo que ayer “Puntarenas mereció ganar y Águilas Guanacastecas mereció perder”, esto en alusión al comentario que hizo cuando nosotros los porteños empatamos en el estadio Fello Meza.
Lejos de perder el invicto o cosas por el estilo, el conjunto chuchequero esta centrado en el trabajo que el profesor don Jorge González y su asistente Alfredo Contreras están realizando, y partido tras partido así lo estamos viendo, con nuestra “juventud divino tesoro”, allí esta el crecimiento del club, y para esto; nosotros los aficionados debemos y tenemos que ser consecuentes, los resultados arribistas muchas veces son engañosos, debemos ser pacientes y esperar los resultados en un mediano y largo plazo.
Hace poco logramos lo impensable, con virtudes de trabajo, paciencia y esa humildad que los ha caracterizado a nuestros jugadores, y creemos que en ellos se encuentra tal virtud, y poco a poco algunos se sacudirán de su inexperiencia y utilizaran sus talentos, sus cualidades. Material humano hay, lo vemos, lo palpamos, y eso es importante para nosotros, para la comunidad y para el club. Por algo somos en términos generales el club mas joven de Costa Rica. Ahí esta nuestro orgullo y nuestra esperanza.




